Era 1ero de Septiembre, temprano en la mañana, y Fiorella se preparaba para ir a su nueva escuela. Esta vez estudiaría en un internado (algo nuevo para ella) y aunque esto la hacia estar nerviosa, se tranquilizaba un poco al recordar que sus amigos Camila y Alfredo estudiarían con ella. Estaba ansiosa por saber que le esperaba y ya estaba lista para iniciar su nuevo año escolar.
El internado quedaba a exactamente 2 horas de su casa así que ya debía irse o sino llegaría tarde. De pronto, de camino a la escuela, la madre de Fiorella empezó a llorar, la niña, inquieta por esto, le pregunto:
-¿Por qué lloras mamá?-
Su madre entre sollozos solo pudo responder:
-Por que te extrañare mucho hija mía-
A lo cual Fiorella se limito a responder:
- Tranquila mamá que nos veremos 2 veces al mes-
Lo que Fiorella no sabia es que esto solo entristecería más a su madre.
1 hora mas tarde ya se encontraban en frente del portón principal del internado. A manera de marco, tallado en Bronce, decía en letras muy grandes: “George Bernard Shaw”, el cual era el nombre del internado. Al entrar por aquel imponente portón y pasear por 10 minutos a través de un hermoso camino rodeado de árboles de todos tamaños, llegaron finalmente a la fachada principal de la escuela.
Todo parecía de cuento de hadas. Era una construcción tan exquisita que parecía el castillo de un rey. Fiorella quedo pasmada frente a tal esplendor. Ella no estaba acostumbrada a este tipo de cosas. Su casa era de lo mas modesta, vivían en una zona rural de la cuidad de Dublín y todas las casa de allí eran pequeñas. Tan pronto como se bajo del coche empezó a investigar cada cosa que veía (lo cual había sido su naturaleza desde pequeña).
Luego de llevar a Fiorella al departamento de orientación para que recibiera su horario y acompañarla a conocer su nueva habitación, sus padres tuvieron que regresar a Dublín ya que debían trabajar. Después de una difícil despedida, Fiorella empezó a recorrer todo el campus buscando a sus amigos Camila y Alfredo. Mientras lo hacia encontró un lugar, cerca de su habitación, de lo mas hermoso, estaba completamente cercado por árboles, en el centro se hallaba un pequeño claro donde la luz del sol penetraba suavemente, en el centro de aquel claro una mesa hecha de madera con sus respectivas sillas de tronco. Cerca de allí se oía el ruido de un riachuelo. Parecía el lugar perfecto para ir a estudiar o simplemente escapar de las tensiones y pasar un rato agradable con sus amigos.
Finalmente encontró a sus dos amigos quienes se alegraron mucho de saber que por fin ella ya estaba allí. Ya llevaban una hora esperándola.
Camila le pregunto:
-¿Por qué tardaste tanto Fiorella?
A lo que ella respondió:
-He encontrado un lugar hermoso donde estoy segura pasaremos muchos buenos momentos.-
-Que bueno, debes mostrárnoslo, pero no ahora porque ya tenemos que ir a almorzar y así de paso conocemos un poco el ambiente social de este lugar.- dijo Alfredo
-esta bien- contesto Fiorella.
El comedor era hermoso, constaba de mucho espacio ya que era una escuela muy grande, también tenia una gran barra de comidas en la cual podías elegir que querías comer. Habían chicos de todas las edades, desde los 12 años, tal como ellos, hasta los mas grandes de hasta 18 años. Muchos de ellos eran muy receptivos, aunque había otros que no tanto y que más bien lo que hacían era tratarlos mal por el simple hecho de ser nuevos.
Durante todo el día estuvieron los tres juntos deambulando por ahí, conociendo nuevos lugares y nuevas personas. Finalmente llego la noche y con esta la hora de ir a sus dormitorios. Se dieron cuenta de que Fiorella y Camila habían quedado en la misma habitación juntas y no podían haber estado más felices. Por el resto del año iban a estar juntas todas las noches aun cuando sus horarios no coincidieran. Por su parte a Alfredo le toco como compañero un simpático chico de 3er año llamado Ralph.
En esta escuela había toque de queda y tenían que estar en sus habitaciones a las 8pm o sino los castigarían. Se despidieron y cada uno se dirigió a su cuarto. Fiorella y Camila estaban muy felices, no podían parar de hablar de lo emocionadas que estaban por este nuevo lugar y por que por fin habían llegado a la secundaria. Esto sin duda representaba una gran oportunidad para madurar y conocer gente nueva y sobretodo para crecer como personas.
Finalmente se cansaron de hablar y se durmieron. Ya no podían esperar más para que llegara el primer día de clases.

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